Llegaron al cielo varias personas que fueron muy reconocidas en este mundo: Presidentes, directores de importantes empresas, artistas, políticos, científicos, deportistas, etcétera.
Cada persona subía a un pódium y contaba con algunos minutos para hablar.
Cuando se les pidió que presentaran los aspectos relevantes de sus vidas, la mayoría de ellos presumió sus premios. Resaltaban la enorme contribución que hicieron a determinado sector y enfatizaban en el gran esfuerzo que representó y los obstáculos que tuvieron que sortear para lograrlos.
De pronto, le correspondió subir a una mujer menudita, de edad avanzada y cuerpo encorvado vestida con un sencillo sari blanco.
Ella no mencionó que había obtenido el Premio Nobel de la Paz el 17 de octubre de 1979. Tampoco habló de los miles y miles de enfermos, moribundos y huérfanos que habían sido beneficiados con su trabajo y mucho menos, acerca de que había fundado una comunidad que ahora estaba presente en los cinco continentes de la tierra.
Ella solo agradeció a Dios por haberle dado la oportunidad de servir y exclamó: “Yo solo fui la pluma con la que Dios escribió”
Author: Fermín Felipe Olalde Balderas
Escritor, autor de los libros y de las reflexiones publicadas en este portal.

