—¿Qué te pasa hija? Te veo un poco triste.
—Fíjate mamá que el sábado pasado fui al funeral de la mamá de un compañero de la prepa, pero cuando estuve frente a él me trabé y no supe qué decirle.
—¿Y qué fue lo que hiciste?
—Pues solo le di un abrazo y ahora me siento mal porque no pude darle una palabra de aliento.
—Bueno hija, pero un abrazo es una forma de darle ánimo.
—¿Eso crees? ¿Qué es lo que a ti te animaría si estuvieras en el lugar de él?
—Mira hija, en mi vida he tenido que enfrentar el fallecimiento de seres muy queridos y algo que he podido identificar es la forma tan distinta en que las personas dan consuelo.
—Una primera forma es a través de la presencia. Hay personas que no necesitan decir nada, su presencia es, en sí misma, un consuelo. Una segunda forma son las palabras. Me parece que en esos casos busca que lo que digas salga de tu corazón. Y finalmente, hay algunas convicciones que a mí me llenan de paz y de esperanza. Por ejemplo, saber que las personas que mueren en realidad empiezan a vivir una nueva vida, se encuentran bien, mejor que aquí pues ya no sufren y algo muy esperanzador es que un día las volveré a ver. Yo pienso hija, que no te debes preocupar tanto, tú le diste a tu compañero tu presencia y un abrazo de corazón, la paz y el consuelo definitivo, eso solo viene de Dios.
Author: Fermín Felipe Olalde Balderas
Escritor, autor de los libros y de las reflexiones publicadas en este portal.

