Es viernes, ha pasado la hora nona y estoy de pie contemplándote desde lejos porque mi cobardía me impidió acercarme. Como siempre, las mujeres son las que demuestran el valor al estar junto a ti y solo Juan, tu discípulo amado, está representándonos al pie de la cruz. Veo a tu Madre, nuestra Madre, mirándote y llorando desconsolada ¿quién no lloraría así al perder a un hijo? Veo a otras mujeres, también llorando y tomándola del brazo para darle fuerza.
Veo cómo quedó tu cuerpo y me avergüenzo de mí, no te merecías esto. ¡Has cumplido! Y ahora me toca cumplir. No basta una lágrima, no basta un golpe de pecho ni una publicación se requiere un compromiso serio de hacer lo que nos ordenaste: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”.
Me gustaría escribirte un poema, pero como lo que te quiero expresar ya alguien lo escribió hace algunos siglos, lo tomo prestado y lo recito, es mi forma de decirte: ¡Gracias Jesús, por haber dado tu vida por mí!
No me mueve mi Dios para quererte
el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Me mueves tú Señor, me mueve el verte
clavado en esa cruz escarnecido
me mueve ver tu cuerpo tan herido
me mueven tus afrentas y tu muerte.
Muéveme en fin tu amor y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera
pues, aunque lo que espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.
Anónimo.
Author: Fermín Felipe Olalde Balderas
Escritor, autor de los libros y de las reflexiones publicadas en este portal.

