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Esa tarde llegué puntual y toqué el timbre de la casa de mi amigo Juan Ramón, reconocido periodista y locutor de radio.

—¡Hola! — saludé cuando él abrió la puerta y me recibió con una sonrisa.

—¡Hola Fer! Bienvenido, me da mucho gusto que hayas aceptado mi invitación. Pasa, estás en tu casa. Siéntate por favor.

Nos sentamos en su sala. Él ocupó el sillón individual y yo me ubiqué en la orilla del sillón grande. Mi anfitrión ya tenía preparado un micrófono y una grabadora. En la mesita de centro había dos refrescos, una jarra grande con agua, dos vasos de cristal y un plato con cacahuates, pistaches y nueces de la india. En sus manos traía un termo.

—Puedes tomar lo que gustes —me dijo— con toda confianza.
—Sí, muchas gracias, por el momento solo me serviré agua.

Llené mi vaso y él abrió su termo, me dijo que le gustaba el café de grano sin azúcar. Se acomodó en su sillón y empezamos a platicar.

—Así es que retomaste la acción —le dije refiriéndome a la realización de reportajes y entrevistas.

—Sí, volví a las andadas. He estado entrevistando a un escritor por semana para luego publicar las entrevistas en mi columna periodística.

—Excelente, pues ya sabes que en lo que te pueda ayudar.

—Muchas gracias Fer, aprecio mucho tu disposición. Ponte cómodo y tú me dices cuando estés listo para empezar.

Le di un sorbo a mi vaso y luego lo dejé en la mesita de centro.

—Ya, yo ya estoy listo, a la hora que gustes.

—Bien, te quiero proponer que hablemos de un tema que me parece que pudiera ser interesante.

—¿Ah sí? ¿Cuál?

—¿Qué te parece si hablamos sobre la maldad?

—La maldad, mmm, me parece magnífico, aunque debo anticiparte que no me considero experto en el tema, solo soy un simple escritor, si aun así te interesa entrevistarme…

—Sí claro, me interesa tu opinión y me gustaría que te sintieras con la libertad de expresarte.

—De acuerdo.

Encendió el micrófono, la grabadora y empezó la entrevista.

—Comienzo preguntándote: Para ti, ¿qué es la maldad?

—Para mí, la maldad es la acción u omisión de una persona en contra de algo o de alguien. Es el resultado de una decisión.

—Me parece interesante que incluyes la palabra “omisión”, ¿puedes poner un ejemplo?

—Sí, ¿viste la serie de televisión “Breaking Bad?

—Sí, es una de mis favoritas.

—En uno de los capítulos, Walter —el personaje principal—, se encuentra presente cuando la novia de Jesse está tan drogada que empieza a ahogase con su vómito pero en lugar de auxiliarle o llamar a una ambulancia, deliberadamente la deja morir pues ella es un obstáculo para sus intereses. Walter no realizó una acción, pero dejo de hacer algo bueno con toda la intención de dañar a la persona.

—Oh sí, lo recuerdo y entiendo. Y también mencionaste que es el resultado de una decisión.

—Así es, cada día los seres humanos tomamos decisiones, algunas cotidianas como ¿a qué hora me voy a levantar?, ¿qué ropa usaré o qué desayunaré hoy?, pero habrá otras que pudieran representar un beneficio o un daño para alguien.

—Bien, continuando con las preguntas ¿crees que así como Dios creó el cielo, la tierra y todas las cosas, ¿también creó la maldad como parte de este mundo?

—No. Pienso que no, porque Dios es Bueno y nos ama, por lo tanto, la maldad es contraria a su naturaleza. ¿Sabes? Hay una frase que me gusta mucho y no es atribuida a un teólogo ni a un filósofo, sino al parecer, a un científico: Albert Einstein. Dijo: “Dios no creó el mal, el mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos”

—Oye Fer, pero se ha dicho que Dios lo puede todo.

—Sí.

—Y que además, nos ama.

—Así es.

—Entonces, si es todopoderoso y nos ama ¿Por qué permite que los seres humanos cometamos maldades?

—Pienso que Dios nos dio un don maravilloso: El libre albedrío, es decir, la libertad para tomar nuestras propias decisiones, buenas o malas.

Si Dios no nos hubiera dado ese don, seríamos como robots a los que se les programa con ciertas instrucciones y algoritmos para que actúen de una manera determinada.

Con el ser humano es diferente. Dios establece las reglas del juego —los diez mandamientos— pero luego, respeta la libertad para que nosotros decidamos cumplirlos o no y aunque tenga el poder de coartarla no lo hace, precisamente porque nos ama.

—Muy bien, y ahora, ¿por qué crees que Dios permite que en ocasiones los seres humanos seamos víctimas de la maldad que otros cometen contra nosotros?

—Pienso que todo lo que nos ocurre en la vida tiene una razón aunque en el momento en que sufrimos una maldad no lo alcancemos a entender.

Déjame que te cuente una experiencia.

—Adelante.

—Hace algunos años, por razones de trabajo, mi hijo —en ese tiempo adolescente— y yo, estábamos viviendo en la ciudad de León. Mi esposa y el resto de mi familia se quedaron en Celaya.

Un día salimos de casa, él a estudiar y yo a trabajar. A la hora de la comida, cuando regresé, vi que la reja y la puerta principal estaban abiertas, observé que ya no tenían chapa, solo quedó el hueco donde éstas se encontraban.

Entré con cautela a la casa, subí las escaleras y cuando ingresé a la habitación principal, estaba hecho un desastre. Las puertas y cajones del closet estaban abiertas, ropa y papeles tirados por doquier. Nos habían robado. Se llevaron cosas como la televisión, una laptop y el poco dinero que teníamos ahí.

Aun sin reponerme de la impresión que me llevé, fui a buscar a un herrero para que arreglara la reja y a un cerrajero para las chapas. Luego fui a presentar una denuncia al ministerio público.

Le agradecí a Dios que los delincuentes no nos hubieran encontrado, a mi hijo o a mí, en el interior, de lo contrario quién sabe cómo nos hubiera ido.

Esa misma noche, ya cuando nos acostamos para dormir, yo no podía conciliar el sueño. Me preguntaba la razón por la cual nos pudo haber sucedido ese incidente.

¿Será que la vida me está enseñando a ser más precavido y reforzar mejor la seguridad de mi casa?

¿Será que ese tipo de incidentes, al igual que las enfermedades y los problemas me están forjando como el fuego al hierro para fortalecer mi carácter?

¿Será que lo sucedido es una forma de purificación?

¿Será que se me está regresando algo que yo hice como maldad en el pasado?

Porque déjame hacer un paréntesis para decirte que hay una ley universal que aplica en la vida: “Todo se regresa”.

Un acto de bondad o de maldad, se te regresa, tarde o temprano.

Entonces, si decides actuar mal, debes estar consciente que la vida te cobrará la factura y no es que Dios te esté castigando, son las consecuencias de tus actos.

Pero bueno, esa noche yo seguía preguntándome: ¿Será que Dios me está poniendo a prueba como lo hizo con Job para ver cómo reacciono; si aplico sus enseñanzas?

¿Será que me está dando la oportunidad de ejercitar el don del perdón?

No lo sé, pero algo en mi interior me decía que lo ocurrido tenía un objetivo.

Tiempo después, en la ciudad de Celaya mi esposa fue víctima de unos delincuentes un día que ella Iba tranquilamente por la calle cuando un supuesto analfabeta le pidió de favor si le podía leer la dirección que traía anotada en una hoja de papel.

Ella, servicial y generosa como siempre, no tuvo inconveniente y tomó el papel en sus manos y se lo acercó para leerlo. Lo que no sabía es que esa hoja de papel contenía una droga que la dejó vulnerable para que el supuesto analfabeta y otro cómplice que se encontraba cerca pudieran quitarle su celular y dinero que llevaba en su bolso. Hicieron que entrara a nuestra casa y les diera algunas joyas y cosas de valor. Fue un incidente terrible. Ese día ella aprendió a no confiar tanto en la gente.

Ambos incidentes, sumados a un problema de salud que yo traía, fueron los detonadores para tomar la decisión de ir preparando mi retiro y regresar a casa de manera definitiva. No sé si alcanzas a dimensionar la lectura de lo ocurrido.

—¿Qué lectura le das a lo ocurrido? —me preguntó Juan.

—En otras palabras, si no hubiéramos sufrido esos incidentes, yo aún me encontraría trabajando lejos de mi familia, con problemas de salud y tal vez no me hubiera dedicado a escribir como lo hago ahora.

—Oh, tienes razón.

—Estoy seguro que las maldades que sufrimos no nos las envió Dios, pero permitió que las viviéramos porque con su infinita sabiduría, sabía que tomaríamos una decisión que a futuro sería mejor para nosotros. Todo esto lo pude descifrar muchos años después de ocurridos los sucesos.

—Entiendo.

—Ahora permíteme contarte otra experiencia.

—Adelante.

—Un 31 de diciembre de 1999 mi familia y yo sufrimos el robo de nuestro automóvil. Por fortuna no fue con violencia. Simplemente dejamos el auto estacionado en un lugar y cuando regresamos ya no estaba. El auto no era un modelo reciente pero lo acababa de arreglar del motor y nos era de mucha utilidad.

Ese día sentimos coraje, impotencia, frustración y durante varios días me la pasé quejándome con Dios y haciéndole esta pregunta: “¿Por qué permitiste que nos dañaran?”.

Tiempo después, por alguna razón llegó a mi pensamiento una posible respuesta: “¿Y si Dios, que mira todo, no solo el presente sino también el futuro, supiera que en ese auto íbamos a tener un accidente de consecuencias fatales?”

Entonces le agradecí que nos haya protegido de esa manera.

—Vaya, pues sí que tiene sentido.

—Sí, estoy convencido de que hay algunas adversidades que son medios que Dios utiliza para protegernos de algo pero como no tenemos la visión completa de las cosas —como la tiene Él—, en lugar de agradecerle, le reclamamos.

—Fer, ¿puedes darme un momento? Como seguramente sabes, el café es diurético y necesito ir al baño.

—Claro, no te preocupes, adelante.

Mientras mi amigo se ausentó yo eché un vistazo a mi alrededor y vi que en una de las paredes colgaba un cuadro grande con la portada del álbum Abbey Road de los Beatles.

Me puse de pie para observarlo de cerca —además para estirar un poco mis piernas— y noté que era una auténtica obra de arte pues cada imagen estaba formada con los nombres de las canciones que lo contenían.

Me volví a sentar y di cuenta de algunos cacahuates y nueces de la india.

Me encantan también los pistaches pero el médico me recomendó evitar el consumo excesivo de sal. Seguí tomando mi vaso con agua hasta dejarlo vacío.

En ese momento Juan Ramón regresó y se sentó.

—Listo, ya estoy aquí de nuevo. ¿Podemos seguir con las preguntas?

—Sigamos —respondí.

Encendió de nuevo la grabadora.

—Bien, ¿consideras que la maldad se pueda erradicar?

—No, no lo creo. La palabra “erradicar” significa eliminar de manera definitiva y pienso que mientras estemos en este mundo no es posible porque el diablo trabaja hasta en días festivos pero lo que si podemos y debemos hacer es esforzarnos para reducirla a su mínima expresión.

—¿Qué crees que influye para que haya maldad en las personas?

—Me parece que lo que más influye es la ausencia de Dios en nuestros corazones porque al no tenerlo a Él, no existen valores morales que normen nuestra conducta.

Hay otras cosas que creo que influyen, por ejemplo, la falta de una aplicación efectiva de la justicia por parte de la autoridad.

—Ahora, ¿qué actitud crees que es conveniente tomar en estos dos supuestos: cuando nosotros cometemos una maldad y cuando somos víctimas de ella?

—Para contestar lo relativo al primer supuesto voy a traer a colación el pasaje bíblico de cuándo Jesús estaba crucificado en el calvario.

Dos ladrones padecían junto a Él, uno a su izquierda y el otro a su derecha.

Estas dos personas también estaban siendo crucificadas, pero a diferencia de Cristo, ellos sí habían actuado con maldad.

Lo interesante es la actitud que toma uno y otro. Mientras que uno se dirigía a Jesús con insolencia diciendo: “Si Tú eres el Cristo, sálvate a Ti mismo y a nosotros”.

El otro, Dimas, le dijo: “¡Cómo! ¿Ni aún tú temes a Dios, estando, como estás, en el mismo suplicio? Nosotros, a la verdad, estamos en él justamente, pues pagamos la pena merecida por nuestros delitos pero Éste —refiriéndose a Jesús— ningún mal ha hecho”.

Y finaliza haciéndole una petición al Maestro: “Señor, acuérdate de mí cuando hayas llegado a tu reino”

¿Qué diferencia observas en la actitud de ambos?

—Pues en uno, una actitud de insolencia, en el otro, de humildad.

—Exacto, estos dos ladrones representan la actitud que podemos tomar en cuanto nos equivocamos y realizamos un acto de maldad.

Podemos dirigirnos con insolencia a Dios o podemos ser humildes y reconocer que fallamos. Lo mejor es arrepentimos, proponernos no volverlo a hacerlo, asumir las consecuencias de nuestros actos, pedir perdón y regresar a Dios, así como lo hizo Dimas el buen ladrón o el hijo pródigo de la parábola del evangelio.

¿Y sabes cuál creo que es la respuesta de Jesús ante la actitud de humildad?

—¿Cuál?

—De aceptación. Jesús le dijo a Dimas: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Jesús lo perdona, pero ¿por qué lo perdona? Si Dimas era un delincuente.

Lo perdona porque Jesús conoce la fragilidad humana, pero acepta su arrepentimiento y su conversión. Ese es su boleto al paraíso.

Otro ejemplo es el apóstol Pedro quien negó a Jesús en tres ocasiones, pero se arrepintió y siguió el camino del bien.

—Bien ¿y en cuanto a la actitud que nos conviene tomar cuando somos víctimas de una maldad?

—Cuando recién hemos sido víctimas de una maldad es natural que sintamos algunas emociones como coraje, impotencia, miedo o deseo de venganza, pero pienso que nos conviene tranquilizarnos un poco, lo más que se pueda, para luego tomar una decisión.

Pienso que una acción conveniente es denunciar. Mucha gente no lo hace argumentando que la autoridad no hace nada y pueden tener razón pero aun así, creo que nuestra responsabilidad es denunciar. Si la autoridad cumple o no su papel, si es efectiva o no, eso es cosa de ella.

Ahora bien, cuando, a pesar de que denunciaste, la autoridad no hace justicia, creo que debemos dejarle a Dios el asunto. No tratar de hacer justicia por nuestra propia mano porque de lo contrario se pone peor la situación.

—Muy cierto.

—Entonces, Jesús nos muestra cómo debemos actuar. Él fue juzgado injustamente, golpeado, ultrajado y condenado a muerte. La autoridad de su tiempo, —el sanedrín, Poncio Pilatos— así lo permitieron pero la actitud de Jesús la dejó plasmada en una frase: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Las veces que yo he sufrido una maldad, entrego el caso a las autoridades en el ámbito terrenal y a Dios en el ámbito espiritual y de esa forma yo me libero de cualquier sentimiento de odio o deseo de venganza en contra de mi prójimo —el o los delincuentes—.

—Interesante, muy interesante. Pues bien, ya casi para terminar esta entrevista te pregunto, con relación a la maldad ¿qué es lo que hoy en día te preocupa más?

—Fíjate Juan que cada día veo que se incrementa el número incidentes de maldad en nuestra sociedad, pero paradójicamente también cada día se promueve más un concepto de libertad que, sin tener una norma moral que la regule —es decir, los diez mandamientos—, se convierte en libertinaje.

Para mí lo más grave, es que se dude de la existencia de Dios porque al no reconocerlo como parte fundamental de nuestra vida pienso que los esfuerzos por educar a la gente para convivir de una manera más civilizada son insuficientes.

—Y finalmente ¿qué medidas crees que puedan servir para disminuir la maldad?

—Pues lo primero es que cada persona nos esforcemos por vivir día con día conforme a los mandamientos y la voluntad de Dios. Eso nos lleva a luchar por evitar caer en las tentaciones que nos ofrece este mundo. No olvidemos que la maldad es el resultado de una decisión.

Y ya cuando lo estemos realizando en lo individual, es conveniente promover con el ejemplo eso mismo en el ámbito en el que nos desenvolvemos. Promover las cosas buenas, el arte por ejemplo.

Y por supuesto que, como sociedad, tenemos que pugnar para que cada vez se aplique con mayor efectividad la justicia, de tal forma que ningún delito quede impune.

Al final, la esperanza es que cuando nos corresponda partir de este mundo tengamos la dicha de gozar de la presencia de Dios por toda la eternidad, en aquél lugar donde nunca más nos encontraremos con la maldad.

—Muy bien Fer, pues con esto concluimos esta entrevista. Agradezco de nuevo tu tiempo y tus puntos de vista y esperemos vernos en otra ocasión para seguir comentando sobre algún otro tema.

—Claro que sí Juan, muchas gracias.


Fermín Felipe Olalde Balderas
Author: Fermín Felipe Olalde Balderas

Escritor, autor de los libros y de las reflexiones publicadas en este portal.

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Ma. Sara Olalde Balderas
Ma. Sara Olalde Balderas
febrero 13, 2023 3:29 am

Que bonita reflexión Fer, muchas gracias!! 👍

alo789sonnleiner
diciembre 16, 2025 1:57 am

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