Un domingo por la mañana llegó el papá a casa con un paquete bajo el brazo.
—¡Un rompecabezas! —exclamaron al unísono su esposa y sus hijos.
Todos aplaudieron felices y ese mismo día después de comer se pusieron a armarlo. A media tarde empezaron a llegar los tíos, los primos, la abuela y otros miembros de la familia y todos se integraban al juego.
La mamá se sustrajo un poco de esa actividad para preparar chocolate con panecillos pues se acercaba la hora de la merienda. Cuando regresó a la mesa donde estaba toda la familia vio que habían logrado armar por completo la imagen de un hermoso paisaje. Pero lo que más le llamó la atención fue el rostro de satisfacción de todos los integrantes, pues cada uno había contribuido con su granito de arena para lograr el objetivo.
En ese momento ella reflexionó: la familia es como un gran rompecabezas, los integrantes son como sus piezas, muy diferente una de otra, pero al unirse forman un todo maravilloso.
No se debe forzar a que una pieza sea igual que otra, ni que sea colocada en un espacio que no le corresponde: El talento de uno se complementa con el del otro. La debilidad de uno se subsana con la fortaleza del otro, pero todos tienen un papel importante dentro de la familia.
Ninguna pieza sobra y si alguna llegara a faltar, no podría apreciarse la maravillosa imagen de la familia en todo su esplendor.
Author: Fermín Felipe Olalde Balderas
Escritor, autor de los libros y de las reflexiones publicadas en este portal.

