Después de celebrar la Noche Buena y ya cuando todos se fueron a descansar, nos quedamos, mi esposa y yo, sentados en el sillón de la sala que se encuentra frente al nacimiento, observando las imágenes y las luces de colores. De pronto, en medio de la calma, apareció el Niño corriendo frente a nosotros. Estaba radiante, feliz. Nos dio mucho gusto verlo y luego lo llamé para que se acercara a mí.
—¡Ven!
Él siguió corriendo ahora hacia al otro lado de la habitación.
—¡Ven hermoso! —lo llamó mi esposa cariñosamente.
El Niño se acercó con esa maravillosa sonrisa, se sentó entre nosotros y se quedó quieto.
—A ver, hoy es tu cumpleaños —exclamé— ¿qué vas a querer de regalo?
Él se quedó pensativo un momento.
—¿Puedo pedir lo que sea?
—¡Claro!
—Bien —respondió— quiero que siempre se mantengan a mi lado. Que nunca se aparten de mí.
Ella y yo intercambiamos miradas y asentimos con la cabeza.
—¡Cuenta con ello!
El Niño sonrió nuevamente y se lanzó a una nueva carrera por entre los muebles de la habitación, luego se detuvo, nos miró tiernamente y nos dijo:
—¿Me podrían cantar una canción?
—¡Claro! ¿Cuál quieres?
—Esa que les gusta a ustedes, también me gusta.
Mi esposa y yo pensamos en la misma canción.
—Sí, esa —exclamó Él.
Mientras empezamos a cantar, un halo de luz envolvió la habitación y no pudimos contener las lágrimas cuando llegamos a la estrofa que dice:
“…Yo quisiera poner a tus pies,
algún presente que te agrade Señor,
más Tú ya sabes que soy pobre también,
y no poseo más que un viejo tambor,
en tu honor frente al portal tocaré,
con mi tambor.”
El Niño se acercó a nosotros sonriendo, nos abrazó y nos dio un beso en la mejilla. Luego se dirigió al nacimiento. Subió el primer escalón y fue modificando su tamaño, decreciendo, hasta que llegó a la entrada del portal. Nos saludó con su manita por última vez y se acurrucó en el pesebre dispuesto a dormir calientito envuelto en la manta que su mamá ya le tenía preparada.
Mi esposa y yo nos miramos, sonreímos y secamos nuestras lágrimas recíprocamente. Nos pusimos de pie dispuestos para ir a descansar con el compromiso de amarlo durante los 365 días del año con la misma intensidad con la que se le ama en Navidad.
Author: Fermín Felipe Olalde Balderas
Escritor, autor de los libros y de las reflexiones publicadas en este portal.

